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S'Era de Pula
Miércoles, 8 de noviembre de 2017
Son Servera

S’Era de Pula: comer feliz

“Si dices la verdad, no tienes por qué recordar nada”, dijo Mark Twain, al que no le gustaba el golf y lo definió como un bonito paseo estropeado. Esto no va de golf, aunque S’Era de Pula se sitúe dentro de Pula Golf, en la bella campa de Son Servera.

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Esta es una historia de esencias y autenticidad, de una manera sosegada de entender la vida, de optimismo y vasos medio llenos, de recetas que rescatan la cocina mallorquina de los tiempos de las tatas, las sabias señoras que desafiaban con astucia a los jornaleros en la recogida de melones: “¿Cómo los repartimos?”, les preguntaban. “Tú haz dos montones, y ya decidiré yo con cuál me quedo”, decía la ama desde la primera estancia. Es una historia franca. De verdades.


 
Esa atmósfera es la que ha rescatado desde este otoño S’Era de Pula, un concepto avalado por Romeo Sala, su propietario, y su hijo Arnau, director general, e ideado por las hermanas Perelli, Elena y Beatriz, dos madrileñas ahora en A Coruña, artistas de cuna tardía y creadoras de una tendencia que convierten lo tradicional en moderno y la tendencia en costumbre. En su obsesiva búsqueda del origen han levantado una recreación de lo que fue la casona que presidió esta finca en el segundo tercio del siglo XX, de tejado de cañizo –en rombo, otro detalle genuino- y piedra vista (combinada con pladur) como se identificaban muchas de las construcciones de la Mallorca de carxofa y porc negre previa al boom turístico. S’Era de Pula será el epicentro de las celebraciones del Olazábal&Nadal Invitational, la fiesta solidaria que pone el broche al curso deportivo desde hace un lustro en la zona.


 
El edificio es una de las mutaciones más rotundas que ha sufrido una estructura en esta parte occidental de la isla. Una convencional y funcional carpa de eventos se ha transformado en una construcción diáfana, donde la luz natural marca las pautas. Se podría decir que se construye sobre la luz, una de las máximas del estudio Aaprile, que las hermanas Perelli disfrutan en el Paseo de la Dársena coruñés.  Grandes puertas y ventanales, y el sufrido trispol modernizado en el suelo –enormemente funcional para el zapato femenino cuando la ocasión lo requiere- alimenta aún más la luminosidad del restaurante, cuya actividad parece trazada por un reloj de sol: el ala Este es ideal para desayunos y primeros bocados de la mañana, rematados por un show cooking y con el mar de fondo; el transcurrir del día invita al traslado progresivo a otros habitáculos, incluyendo una barra donde apurar los últimos sorbos.


 
Es en esta zonificación donde surge, interesantísimo, el juego de cortinas que permite modular el restaurante, un truco delicioso que habilita reservados exclusivos llegado el momento o un diáfano comedor con capacidad para 150 comensales si es menester. El atrezzo, a base de productos de la tierra, utensilios de la cocina de fogón, y fotografías de trabajos artesanales captadas por la lente inequívoca de Fede Perex, corroboran la homogeneidad de S’Era de Pula, un lugar que pretende ser un restaurante donde el cliente coma y beba bien, pero, seguramente, por encima de todo, coma feliz. Una especie de reivindicación de lo que se podría denominar cocina hedonista, concepto el de la felicidad cuya búsqueda para el cliente preside todo el trabajo de Elena y Beatriz, entusiastas de Roman y Williams, el estudio neoyorquino que desde comienzos de siglo ha puesto su sello a varios de los más reputados restaurantes de Manhattan, Los Ángeles, Milan o París.


 
En el local no hay hueco para lo aleatorio. Todo encuentra un significado. El minucioso trabajo previo de investigación, que también queda reflejado en distintas fotografías antiguas repartidas por el local, ofrece pistas de que hay una estrategia detrás: la recepción está rematada por una bombonera del siglo XIX. El lavabo, común, y aislado de los servicios, simula un abrevadero, las cortinas son una réplica de delantales de la época… Hay una gran tendencia a jugar con las construcciones rectangulares –dos mesas largas en el centro- lo que aumenta la sensación espacial en un aroma cosmopolita. La terraza exterior que rodea el restaurante, con un gran banco de espaldas al campo de golf que concentra la vista del visitante en el comedor nuevamente, incrementa la importancia de lo que acontece en la sala.


 
La cinta de S’Era de Pula se cortará el 23 de noviembre en un cónclave de reputadísimos chefs como Macarena de Castro, mallorquina con una estrella Michelín del Restaurante Jardín de Mallorca; Luis Veira, otro joven gallego con estrella francesa en el coruñés restaurante de Arbore da Veira; el afamado mallorquín Santi Taura y el alemán Frank Rosin, el cocinero más conocido de la televisión alemana, con enormes lazos de amistad con Pula Golf.

 

Será la cena oficial del Olazábal&Nadal Invitational, un evento único. Como la dueña hace cinco décadas de todo esto. La señora que completada la montaña de melones, se dejaba llevar por su bondad y le decía al jornalero: “¿Ya están hechas? Pues ahora escoge tú el que quieras, hombre”.

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